El Minuto de Barcelona

Enrique Sierra y José Tomás enamoraron a París

Manuel Salmerón (11-12-2017)

Después de unos meses, octubre, noviembre y principios de diciembre, cargados de acontecimientos culturales taurinos en Barcelona, viene la calma, solo queda la comida de invierno de La peña José Tomas de Barcelona, que se celebrara el próximo sábado día 16 en un importantísimo restaurante de la Barceloneta, después ya empezaremos a pensar en las entrañables y familiares fiestas Navideñas y de Fin de Año.

Queremos resaltar el éxito de nuestro amigo el Doctor Don Enrique Sierra, jefe de los servicios médicos de la Monumental hasta el cierre de la misma. El doctor Sierra, que es un gran cineasta aficionado y gran especialista en el mundo de los toros, tiene la mejor filmoteca del gran torero José Tomas y el pasado día 7 en la prestigiosa sala privada de Paris Parhe Films presentó “La Tauromaquia de José Tomás en Barcelona”. Fue todo un éxito de público, que se entusiasmo con lo mejor y más puro del maestro José Tomas en la Monumental catalana.

La presentación estaba promovida por el catedrático François Zumbiehl y contó con la presencia del director de la sala y de la rejoneadora y empresaria María Sara, quien quedó entusiasmada por el trabajo del doctor Sierra sobre el gran torero de Galapagar.

Estas presentaciones del ilustre cirujano siempre son sin ánimo de lucro en salas privadas y con la inestimable cooperación por su mejor colaboradora, su esposa Alicia. Enhorabuena a los dos por el gran trabajo.

Pocas noticias más en estos momentos, ya estamos en plena campaña electoral con la ilusión y la esperanza de un cambio político en Cataluña que de tranquilidad a esta gran comunidad y también confianza a la familia Balañá para que se puedan celebrar corridas de toros en nuestra Monumental.

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A porta gayola

 

Otros se mueven. España no está. ¿Ni se la espera?

JM Alarcón (11-12-2017)

André Viard del Observatorio de las Culturas Taurinas de Francia y Helder Milheiro de la Federación Taurina de Portugal se reunieron hace unos días para definir una serie de actuaciones destinadas a defender y promocionar la tauromaquia europea. Una demostración más de que en nuestro entorno los taurinos se mueven y estudian fórmulas para hacer frente a las amenazas que se ciernen sobre la Fiesta, que no son pocas precisamente. ¿Y España, que es a fin de cuentas la madre de la corrida moderna, qué hace? Poca cosa que se sepa. Y esa es una grave rémora para el desarrollo de la tauromaquia.

Nos lo decía François Zumbielh en la Casa de Madrid, el pasado día 1, cuando uno de los presentes se interesó por la solicitud a la UNESCO de que la corrida de toros sea declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Ni Francia, ni Portugal, ni México, ni ningún otro país taurino puede hacer nada si en España no echamos la pata p´lante; y aquí las autoridades no parecen estar demasiado por la labor, ni el sector por llamar su atención sobre el tema, que es lo peor.

¿Culpa de esa visión cortoplacista de la que ya hemos hablado más de una vez y que recuerda aquella película de Woody Allen titulada “Coge el dinero y corre”? No es la única razón, pero seguramente la más importante. Una postura que si puede justificarse en los torero, cuya vida profesional, salvo excepciones, es corta y deben aprovechar su momento bueno para asegurar  en eso que antes se  conocía como “el día de mañana”; pero que no tiene explicación en el estamento empresarial que, encima, es en buena parte endogámico y por ello se supone que debe tener vocación de continuidad. ¿Cómo es posible que a los empresarios no les motive un objetivo que, de poder alcanzarse, supondría un decisivo respaldo internacional a la consideración de la Tauromaquia como un hecho cultural?

Estamos terminando un año que, en líneas generales, ha sido bueno y en que se ha confirmado que los toros van saliendo del túnel de crisis con una solvencia que para sí quisieran otros muchos sectores. A la vuelta de Navidades, se empezará hablar de las primeas ferias de la temporada 2018 y cuando queramos darnos cuenta estaremos metidos en esa rueda que empieza en febrero y se prolonga hasta octubre. Y ya nadie pensará en otra cosa que no sea lo que ocurre en los ruedos y sus repercusiones más inmediatas. Alguien tendría que recordar aquello de que “boquerón que se duerme se lo lleva la corriente”, y plantearse los cambios y las reformas que necesita la Fiesta para asegurar su futuro. Queda muy bonito decir que esto es tan grande que ni los propios taurinos son capaces de hundirlo; pero también es jugar a un juego muy peligroso.

Nuestros países vecinos, y hermanos, se reúnen para estudiar nuevas estrategias. ¿Y España? Ni está y me temo que ni se la espera. Y resulta que sin ella el esfuerzo de los demás es en buena parte baldío.  Lamentable, muy lamentable.