El Minuto de Barcelona

Treinta años de alternativa de un catalán muy cordobés

Manuel Salmerón (18-10-2021)

Esta noche en el Minuto de Barcelona queremos hacer un homenaje a un torero catalán y muy cordobés. Finito de Córdoba está de actualidad por sus treinta años de alternativa y por una corta  pero buena temporada con éxitos importantes que aunque en plazas de menor categoría lo hubiesen sido igualmente en plazas de primera. También queremos dejar constancia de sus declaraciones, últimamente a nuestro compañero Emilio Trigo entre otros, en defensa de la fiesta y criticando con elegancia y muy educadamente al sector y a todos sus compañeros, quizás tendrían que tomar nota otros que se pelean y ponen vetos a ferias de novilladas y por supuesto a novilleros que también se juegan la vida matando novillos con volumen de corrida de toros y a veces les cuesta dinero.

Juan Serrano Pineda Finito de Córdoba o Finito de Sabadell como cariñosamente le llaman algunos compañeros catalanes de aquella época, nació en la industrial ciudad de Sabadell el 6 de octubre de 1971 con lo que recientemente cumplió los cincuenta años.

Animado por su padre, un gran aficionado, empezó a dar sus primeros pases en una plaza portátil instalada en la ciudad de Sabadell, toreó mucho en clases prácticas en la famosa Isla Fantasía, en Premià de Dalt que por  aquella época contaba con una preciosa placita de obra; después fue cuando empezó a frecuentar taurinamente su Córdoba querida.

“El Fino” debutó sin picadores en Santiponce y toreó un buen número de novilladas, la primera  con los del castoreño fue en Marbella el 25 de marzo de 1989 con Espartaco y Pepe Luis Martin y novillos de Juan Pedro Domecq; fue novillero figura en años en que coincidió con Manuel Caballero y Jesulín de Ubrique, unas temporadas en que se celebraron muchas novilladas por el gran tirón del joven trió novilleril; muchos catalanes aún recordamos el faenón de Finito el 24 de septiembre de 1990 a un novillo de Santiago Domecq.

Se presentó en las Ventas el 23 de septiembre de 1990 con Pauloba y Cristo González, causó una excelente impresión y acabó la temporada con el importantísimo número de 81 novilladas. Toma la alternativa en Córdoba un 23 de mayo de 1991 con Paco Camino y Fernando Cepeda con el toro ”nfundioso´´ de Torrestrella, dos años después confirma la alternativa el 13 de mayo de 1993 de manos de Ortega Cano y con Manuel Caballero de testigo y también con toros de Torrestrella. Otras grandes efemérides de Finito de Córdoba en su plaza de Barcelona fue el indulto del famoso toro ´´Zafiro´´ un gran toro de Torrealta al que cuajó una de las mejores faenas en su ya larga trayectoria de gran torero.

Juan Serrano Finito de Córdoba es un torero que ilusionó mucho en sus comienzos como la gran figura de la época que pudo ser, poco a poco se fue conformando como un excelente torero con una extraordinaria exquisitez artística pero quizás sin dar el paso adelante para llegar a ser el figurón que muchos esperábamos. Aún en activo, esta temporada en unas cuantas tardes nos ha deleitado con esa calidad torera que tiene y ojalá la mantenga mientras  tenga ilusión. Deseamos al “Fino” que continúe dando esas tardes de felicidad al aficionado y gracias maestro por tener el valor de defender al toreo y a los toreros modestos, novilleros y matadores que se juegan la vida a cambio de la propina que les quieran dar algunos desaprensivos, y criticar lo sucio que desgraciadamente hay en este mundo tan complicado.

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A Porta gayola

Cambios de cromos y derechos de los niños

JM Alarcón (18-102021)

Finaliza una temporada que, sin ser de siniestro casi total como la anterior, sí ha sido complicada porque muchos trajes de luces se han quedado colgados en los armarios y muchos toros que debieron morir en la plaza, que para eso los criaron durante años, acabarán sus días en el matadero.  

Se termina la temporada y  también el año, lo que representa que los gobiernos deben aprobar las cuentas para el próximo ejercicio y con los parlamentos convertidos en auténticas sopas de letras, se las ven y se las desean algunos para lograr los apoyos necesarios para sacar adelante la ley más importante del año. Ocurre en España y también en Portugal y del país vecino nos llegó la noticia más desagradable de la pasada semana. El gobierno luso ha sacado un decreto por el que se prohíbe la entrada a los espectáculos taurinos a los menores de 16 que no vayan acompañados de un adulto.

El tema nos toca muy de cerca y nos trae muy malos recuerdos, porque así empezó todo en Cataluña, aunque también es cierto que había un antecedente, el de la ley de protección de los animales que prohibía la construcción de nuevas plazas y el uso de cosos portátiles.

ProToiro, que es el equivalente en Portugal a nuestra Fundación Toro de Lidia, ya ha denunciado que este hecho es una concesión a los partidos animalistas a cambio de que den el sí a los presupuestos y ha anunciado que emprenderá acciones legales porque el citado decreto vulnera los derechos de los menores a acceder a la cultura y el de sus padres a educarles en los valores que consideren más adecuados para su correcta formación. Esgrimen para ello artículos de la Constitución y hasta de la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas. Es de esperar que los tribunales les den la razón, pero para entonces ya se habrán vulnerado durante un tiempo esos derechos… y se habrán aprobado los presupuestos que es de lo que se trata.

Y ahora cabría preguntarse qué tienen que ver las cuentas del estado que marcan la política de un gobierno en algo tan fundamental como es el reparto del dinero público, con que los menores de 16 años vayan o no años toros. Es evidente que nada.

Pero estamos tan acostumbrados, que ya vemos como normal que la política, que quiere decir “gestión de los asuntos públicos” se convierta en un constante cambio de cromos y a que en los parlamentos se prueben las leyes no en función de si estas son las indicadas o no para resolver los problemas a los que se enfrenta un país, sino de qué rentabilidad le sacamos a nuestro voto. Y así nos va.

Plumas amigas

A la Fiesta hace 10 años que le falta un mechón

Pedro J. Cáceres. Editorial del programa La Divisa (18-10-2021)El próximo viernes, día 22, se cumplirán 10 años de la muerte de Antonio Chenel Albadalejo, “Antoñete”, el maestro eterno.

Su legado, dentro de una generación irrepetible, ha sido semillero de otras generaciones posteriores de grandes figuras de los siglos XX y XXI.

Si “Paquiro” puso negro sobre blanco para enseñar la Tauromaquia del siglo XIX, al maestro de Las Ventas le faltó escribirla, pero sí la dijo.

Con su capote y muleta, cada tarde, sobremanera desde su despertar en los 80 - cincuentón ya- era una lección magistral de cómo transformar el arte de la lidia por el arte de torear (lidia incluida).

Una tauromaquia completa. Un clásico: altura, distancia y velocidad.

Sobre todo: distancia y mano izquierda. Sólo acortaba el terreno, cuando el animal se apaga. También, utilizaba la derecha para pulir, complementar y, en su caso, fundamentar el trasteo cuando el toro era imposible por el izquierdo.         

Sobrios adornos al final, nada de “morisquetas”, con un trincherazo, a lo sumo un molinete o ayudados por alto para desahogar y preparar para la muerte al dócil o por bajo para poder al del genio. Sin atender a los tópicos de Madrid: el cruzarse y el pico. Chenel era pura colocación. Una filosofía: la pureza, ausencia de ventajas.

Como acuñara, en su día, otro grande del torero, D Ángel Peralta: “torear es engañar al toro sin mentir”. Siempre todo en función del toro: estudiado desde su salida por chiqueros.

Su estar en la plaza y delante del toro era asombroso por el dominio de la lidia (la suya, la de sus subalternos; la voz a tiempo), molestaba lo menos posible a los toros, dejaba el tiempo exacto a los toros en el peto del caballo. Además, los colocaba para varas casi cartográficamente y los sacaba en el momento preciso; probaba y luego, si es menester, otra vez al jaco, con medida.

También, tenía un conocimiento de los terrenos extraordinario:

Esperaba donde el toro se emplace, generalmente en los medios. Nunca lo cerraba, para de inmediato abrirlo. Todo lo hacía con dulzura, sin violencias, dejándose querer para que el toro lo agradeciera. Convencer antes que regañar, seducir en vez de maltratar.

Por supuesto, el temple. Pablo Lozano sentenció que “el temple es ese don, que Dios ha dado a algunos, para quitar fuerza al agresivo y darle alas al débil”. Antoñete fue su máximo ejecutor.

Como sacerdote en religión ancestral, Antoñete oficiaba su particular homilía: la verónica en enrabietado y los quites de mano baja con varias medias de denominación de origen.

La tauromaquia de Chenel, de forma educada, casi diplomática, hacía “corte de mangas” al pegapasismo de las últimas épocas del toreo.

La última lección la realizó, cabal, en el año 98 al cumplir 66 años, en la que iba ser su despedida definitiva en Madrid.

Ese día de junio de 1998 fue una expresión gráfica y animada de una vida dilatada, muy vivida…y muy disfrutada; romántica y bohemia. Muy de principios de gente diáfana, sin dobleces y de fenómenos de los que las madres paren de ciento en ciento.

Esa tarde, por primera vez en la historia, un torero homenajeaba a una afición dictando una lección que era un compendio de su vida, su tauromaquia y su filosofía. Con 66 años no quiso alivios: dos toros en Madrid. Ese ha sido Antoñete. A Chenel le podemos poner el calificativo que queramos: figurón, maestro, “torero de toreros”, “torero de Madrid”, genio o un monstruo. Simplemente Antoñete.

Luego, a petición de la afición, nos regaló una prórroga de una temporada más, con dos cumbres: la goyesca de Antequera y la tarde de Jaén, suceso que hace unos días cumplía más de un cuarto de siglo.

Diez años después, le seguimos echando de menos.