El minuto de Barcelona

La Peña José Tomás en la Sierra de Madrid

Manuel Salmerón (18-03-2019)

Después de mucha actividad taurina, culturalmente hablando, en Cataluña durante el invierno, ésta es la primera semana que no se celebra ningún acto, pero no por ello finaliza la programación ya que se están preparando otras actividades que seguidamente informamos.

Para esta misma semana la Peña Taurina José Tomás de Barcelona realizará su viaje a anual, unas cuarenta personas se desplazaran el sábado 23 a la sierra de Madrid y en una importante ganadería se celebrará un tentadero con los tres toreros catalanes del escalafón actual, estarán el maestro Serafín Marín, el novillero Abel Robles y el becerrista Cristian Alfaro. Seguirá una comida campera y el domingo la peña estará presente en la novillada que inaugura la temporada en Las Ventas.

La Unión de Taurinos y Aficionados de Cataluña (UTYAC), como ya hemos anunciado en anteriores semanas, programa para el 7 de abril su II fiesta campera en una ganadería de la provincia de Castellón. Actuaran los matadores de toros Rubén Pinar, Javier Cortés y Varea y el novillero francés muy querido en Cataluña Maxime Solera. También se tentará una becerra por el alumno de quince años de la Escuela Taurina de Cataluña Cristian Alfaro. Se espera una gran asistencia de aficionados catalanes y un gran éxito para los toreros y la UTYAC.

Otros aficionados nos desplazaremos el mismo día 7 de abril a Madrid para acompañar y arropar a nuestro novillero Abel Robles en un día tan importante como es su oportunidad en Las Ventas. Suerte para todos.

Sintonicen cada lunes, a partir de las 23 horas, www.ladivisa.es

A porta gayola

Venimos de muy lejos y vamos más lejos aún

JM Alarcón (18-03-2019)

Un grupo de jóvenes estudiantes de periodismo de una universidad catalana están preparando un documental sobre la situación de la Tauromaquia en Cataluña y el pasado viernes estuvieron en la Federación, viendo la corrida, tomando notas, filmando y haciendo fotos. Una vez terminado el  festejo, como querían saber más y más cosas del tema, se organizó un improvisado coloquio en el que hablamos de muchas cuestiones y una de las últimas preguntas que hicieron fue si, en nuestra opinión, está garantizada la continuidad de las corridas de toros. Las respuestas se dividieron entre el sí y el no, lo que a nadie puede sorprender porque eso de que a la Fiesta le quedan cuatro días es un discurso recurrente, desde hace muchos años, lo que me hace ser optimista y replicar a quienes la ven las corridas en trance de muerte que “eso ya lo decían nuestras abuelos y todavía estamos aquí”. Pero es que, además, considero que lo ocurrido en los últimos años avala ese optimismo.

Por ejemplo, cuando en 2010 el Parlamento de Cataluña prohibió las corridas, hubo muchos que pensaron que aquello era el principio del fin, que la decisión del legislativo catalán provocaría un efecto dominó por el que otras autonomías se sumarían al “no a los toros”. Y el gran factótum de aquella injusticia, Leo Anselmi, afirmó que en diez años no habría corridas ni en Madrid.

Pues bien,  ya han pasado casi nueve años y no sólo no se ha producido ninguna otra prohibición –a lo sumo decisiones puntuales de algunos alcaldes, o el esperpéntico intento de crear una “corrida a la balear” que los tribunales ya han dejado en papel mojado. Por el contrario, la Tauromaquia está blindada gracias a la Ley que la consagra como Patrimonio Cultural y ya tenemos fallos judiciales que señalan que las instituciones públicas deben proteger los festejos taurinos y no ponerles obstáculos, como por ejemplo negar el uso de una plaza de toros de propiedad municipal para celebrar corridas. Es el caso de Villena y esperemos que pronto también de Olot.

Esto por lo que se refiere a la situación legal, en lo económico y pese a las declaraciones que Simón sobre lo insostenible de la economía taurina, - qué empresario no se queja de lo mal que va el negocio- lo cierto es que los toros han soportado la última crisis mucho mejor que otros muchos sectores del mundo del espectáculo, pese a  tenerlo todo en contra, porque son caros, se desarrollan en recintos por lo general incómodos, y ni el cartel más rematado garantiza que vaya a verse una buena corrida. Y aun  así, cuando el evento reúne los suficientes atractivos, se llenan las plazas y hasta se acaban las entradas varios días antes, como ocurrió en Valencia esta pasada semana. Reunir a once mil personas, en un día laborable a las cinco de la tarde, no es algo que esté al alcance de cualquier acontecimiento. Pero estaban en el cartel dos máximas figuras de toreo, además de un joven espada local que tomaba la alternativa.

Y el epílogo de esa corrida, con Roca Rey saliendo a hombros, es otro argumento para el optimismo o como mínimo para no caer en el derrotismo. Porque, como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia, la aparición de un torero nuevo revoluciona el cotarro y llena los tendidos. Y mientras esto siga ocurriendo, lo toros no morirán. No es una ilusión ni la pura necesidad de creérselo, sino una afirmación del todo empírica, porque se basa en una dilatada experiencia histórica.  

Venimos de muy lejos y queremos ir más lejos todavía.