El Minuto de Barcelona

Serafín Marín de nuevo en los carteles

Manuel Salmerón (2-09-2021)

EL Minuto de Barcelona tiene sentido para dar información de todo lo relacionado con el mundo taurino en Cataluña y en esta semana nos alegra poder dar la noticia que a nuestro torero Serafín Marín, único matador de toros catalán en activo, lo volvemos a ver anunciado en una corrida de toros, después de un largo tiempo de descanso, obligado por la maldita pandemia y sobre todo por una lesión antigua en su maltrecho hombro  que se le reprodujo a principio de temporada 2020, cuando tentaba en la finca del ganadero Aragonés, Iban López y le hizo pasar por el quirófano. Después de una larguísima recuperación ya tenemos la satisfacción de ver a Serafín anunciado en una corrida de toros que será la de su reaparición, la corrida se celebrará el 15 de agosto, en la población conquense de San Lorenzo de la Parrila para matar una corrida de Miura con Javier Castaño y la alternativa de Alberto Pozo.

Sabemos de otra fecha ya cerrada para Serafín que próximamente anunciaran los organizadores, cuando tengan el cartel cerrado y la certeza de la que la maldita pandemia lo permita. Deseamos que este sea el comienzo de la recuperación de un torero que pasó por las ferias y al que por deficitarias administraciones en su carrera y las muchas cogidas y lesiones en momentos muy inoportunos frenaron lo que pudo ser un torero figura y además catalán, no  disculpamos ni dudamos que algunos  toreros quizás por su juventud también tiene culpa del frenazo en sus carreras y Serafín Marín seguramente también la tiene. Actualmente el torero catalán es una persona madura, cuajada como torero y con muchas y renovadas ilusiones, ojala y así lo deseamos que Serafín recupere el sitio que por su torería nunca debió perder. Como torero y persona lo necesita y lo merece, los aficionados catalanes también. Mucha suerte torero.

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A Porta gayola

“Esta película ya la he visto”

JM Alarcón 3-08-2021

En una escala de 0 a 10, un 28,5% de ciudadanos españoles, de todas las edades, muestran un interés por la tauromaquia superior al 5. Estamos hablando, por tanto, de más de once millones de personas.

Este es uno de los muchos datos que contiene el Estudio de los factores económicos y sociales que impactan en la celebración de espectáculos taurinos en España, realizado por Vicente Royuela, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y directivo de la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, y para el cual ha usado estadísticas oficiales y encuestas sobre hábitos y prácticas culturales que maneja el Ministerio de Cultura..

De la cantidad de datos que contiene el estudio, que su autor presentó en Barcelona el pasado 30 de junio a un reducido grupo de aficionados – por lo de la limitación de aforo –, uno resulta, en mi opinión, ciertamente preocupante, y es que el interés por las corridas de toros decrece en todas las franjas de edad, e incluso entre los que se declaran aficionados. ¿Motivo? Que ver a tal torero con tal  ganadería nos les motiva para ir a la plaza “porque eso ya lo han visto”.

Es esta una respuesta que debería poner a pensar a los manejan a Fiesta y viven de ella. Que los “antis” luchen por la prohibición de las corridas ya lo tenemos asumido; que muchas personas que irían a los toros se abstengan porque, salvo en Madrid, los precios de las localidades son caros, se comprende; que en la situación actual, marginada la Tauromaquia de los grandes medios de comunicación y bajo la dictadura de lo políticamente correcto, cueste un mundo transmitir a los jóvenes sus valores, también tenemos que asumirlo; pero que personas que se confiesan aficionadas dejen de ir la plaza porque consideren los carteles que se les ofrecen como eso que nuestros vecinos del norte llaman un déjà vu resulta preocupante.  

O tal vez no, si atendemos a aquello de que “crisis” también quiere decir “oportunidad” o si se examina la historia del toreo y se comprueba que es la crónica de una constante evolución y que es gracias a eso que sigue vivo, pese a que cada cambio sea recibido con escándalo por un sector de la afición y con la sempiterna afirmación de que “a esto le quedan dos días”.

Y mire usted por donde, paralelamente al trabajo del amigo Vicente gracias al cual nos enteramos que una parte de los que han dejado de ir a los toros es porque los carteles les suenan a una película que ya han visto, dos toreros parecen dispuestos a romper con el dèjá vu y sorprender a la concurrencia con algo inesperado. Estoy hablando de Antonio Ferrera y Morante de La Puebla.  El primero con su particularísima forma de entrar a matar o sacando al picador a los medios cuando el toro no embiste en la contraquerencia; y el otro haciendo añicos la división entre toreros de arte y toreros de valor y prometiendo cosas no vistas cuando se pide corridas de Miura o Prieto de la Cal y nos presenta un anticipo, el sábado pasado en Huelva, haciéndole faena a un toro de Torrestrella al que hace nada no hubiera querido ni ver. Esa no era, desde luego, la película que esperábamos. La que, por repetida, ha echado de los tendidos a algunos aficionados.

El viejo arte de lidiar toros ha alcanzado en estos tiempos un grado de perfección que –cuidado con esto- podría hacer que muriera de éxito. Nunca se había toreado tan cerca, ni tan despacio, ni con tanta quietud y  tanto temple como se hace ahora; y tampoco nunca habían “servido” tantos toros a lo que contribuye la capacidad de los toreros de taparles defectos. Todo esto hace que torear parezca a veces una cosa fácil –quien así lo crea que lo intente- y el rito de la corrida pierda parte de su atractivo. Por eso es necesario que haya toreros dispuestos a romper con el más de lo mismo, con la película que ya hemos visto y que hace que a veces nos planteemos si vale la pena renunciar a la siesta para ir a la plaza.   

Plumas amigas

Morante con la verdad por delante

Pedro J. Cáceres. Editorial del programa La Divisa (2-08-2021)

Titulábamos la corrida de Santander: “Tarde de arte y compromiso…” Y, rematábamos, en el sumario, “El arte no está reñido con la disposición, compromiso y exposición, valor. Así Morante cuajó un toro 4º muy medio. Lástima la espada. La ovación se escuchó en Bilbao”

La corrida fue de Puerto de San Lorenzo, un hierro y encaste no habitual en las temporadas del de “La Puebla”; cómo el sábado en Huelva, donde volvió a matar una corrida, a petición suya, de la divisa de Torrestrella, 14 años después.

La corrida, en general, fue deslucida, si acaso dos toros, entre ellos el 1º de Morante, que medio se dejó, y le cortó una oreja de arte, pero, sobre todo de constancia.

Fue su segundo ese toro “esaborío” y resabiado que en ciclos anteriores le hubiera durado a José Antonio dos minutos, más o menos, ¡vamos! Que habría salido con la espada de verdad una vez tocado el cambio de tercio.

Pero su disposición, su entrega, su valor, y su conocimiento de la lidia, que siempre lo tuvo, aunque fuera oculto o marginado por el arte, la gracia, el ahe, etc. le permitió cuajar una faena para profesionales y buenos aficionados, de torero completo y comprometido.

Lástima que el “morantismo” militante no la pusiera en su verdadero valor al no poder darle esos muletazos de antaño, que eran más, para ese “morantismo”, lo que se adivinaba que lo que eran: “la fantasía morantista” que tanto arrebata a esa grey que no tiene término medio, o se “rompe la camisa” o la bronca, que, marchosamente, también “le pone”.

La faena a ese toro, en cambio, es de las que dejan muy llena el alma torera de su intérprete y, lo importante, es que tal actitud la lleva manteniendo de la pandemia para acá.

Un genio, sí. Pero también un torero de cuerpo entero que está demostrando su categoría de figura y su compromiso con “los toros” y principalmente con “el toro”.

Toda esta trayectoria reciente es como si fuera un banco de pruebas ante los retos que se ha marcado y torear todos los encastes, principalmente los gestos y gestas que se anuncian: Prieto de la Cal en El puerto de Santamaría, y en solitario, y la corrida de Miura, que pidió, en Sevilla. También una de Ana Romero (Santacoloma)

Todo el apoyo, ahora sí, y toda la suerte del mundo, que será la nuestra (la del aficionado, el “morantista” no se sabe) porque Morante de la Puebla, ahora, no es que vaya en serio, es que va de verdad. No sólo con su verdad, que fue siempre, sino con la verdad absoluta.  Gracias, torero.